Un ejército que tenía un país
El Imperio alemán había creado instituciones representativas y una sociedad de masas sin someter plenamente el poder militar al control parlamentario
Hay maldades políticas que sobreviven a la persona contra la que fueron escritas. Una de las más duraderas se atribuye a Honoré-Gabriel Riqueti, conde de Mirabeau: «Prusia no es un país que tiene un ejército, sino un ejército que tiene un país». La frase circula en versiones diferentes y su autoría exacta no está completamente resuelta, pero resume con una eficacia difícil de superar la posición que las armas llegaron a ocupar en la monarquía prusiana. Mirabeau conocía el terreno: había sido enviado en misión secreta a Berlín y publicó en 1788 De la monarchie prussienne sous Frédéric le Grand. La atribución tradicional reúne además aquella ocurrencia con otra sentencia no menos afilada: «La guerra es la industria nacional de Prusia».